todo era blanco… en el horizonte vimos los buques sumidos en una niebla como fantasmas cada vez más remotos, como si dejaran de ser, como si fueran olvidados por la lluvia…
el mar sigue su ir y venir… en las noches, cuando espero el sueño, lo siento dentro, meciéndome desde dentro, abrazándome en su hondo silencio como cuando en él me acuesto para que me lleve, para que me lleve
el mar repetía su murmullo de olas en la arena como un eco del pasado y poco a poco resurgían los buques de la niebla, rescatados de su blanco olvido… había dejado de llover
fue entonces cuando salimos… ella estaba esperándome abajo, yo me despedí del lugar y apagué las lámparas de la mesa de noche y de la sala… la luz dorada del ocaso entró por las ventanas e iluminó el cuarto