
Los especímenes equinos traídos a América no eran caballos seleccionados para la reproducción, eran caballos rústicos y valientes usados en España para el trabajo. No había licencia real para exportar caballos de selección que pudiesen constituir lotes de fundación, exceptuando los regalados por los reyes a otros gobernantes de la Europa del siglo XV y XVI, como los caballos usados para la formación del Lepizzaner. Hasta que no se reprodujeron en abundancia, los caballos traídos a América poseían un elevadísimo costo debido a su gran valor práctico y táctico y a su escasez inicial. Los primeros caballos entraron en territorio de Argentina con los primeros conquistadores españoles, en la Corriente del Norte a partir de la "Entrada del español Diego de Almagro" en 1535 quien lo hizo a través del Perú y Alto Perú, y casi inmediatamente del puerto de Buenos Aires y de territorios otrora españoles y hoy en poder de Brasil. La Corriente del Este con la que se introdujo desde los 1530 masívamente ganado desde Europa (especialmente desde Andalucía) por el puerto rioplatense de Buenos Aires es considerada la más importante, se trata de los caballos traídos por Pedro de Mendoza al fundar la Ciudad de Buenos Aires en 1536. Más tarde, Pedro de Mendoza debió abandonar Buenos Aires obligado por la defensa de los indígenas, y dejó los caballos, que una vez sueltos se reprodujeron prodigiosamente merced al bioma de praderas y pastizales y clima templado típico de la Pampa Húmeda. Tanto, que al llegar Juan de Garay, en 1580 al Río de la Plata consideró a las caballadas como "fantásticas" (abundantes y de excelente calidad). Sólo los más fuertes lograron sobrevivir y reproducirse, aprendiendo a defenderse de los peligros tales como pumas y otros depredadores, soportando además climas extremos. Los pueblos aborígenes, increíblemente adaptables al "monstruo invasor", aprendieron primero a alimentarse de su carne, y después lograron una relación simbiótica con el caballo, a tal extremo que en el presente se sigue ampliando el estudio de la "doma india". Volviendo a la reproducción y origen de los caballos en el territorio argentino: si ya desde inicios del siglo XVI quedaron caballos libres y se reprodujeron masivamente, estos caballos o baguales cimarrones pasaron a ser considerados "realengos", es decir posesión de la corona española, aunque en la práctica eran utilizables por cualquier persona habilitada, como los campesinos libres -luego gauchos-, que hicieron de los caballos uno de sus principales medios de subsistencia y un símbolo de prestigio (pingo es uno de los nombres dados al caballo y al pene). En cuanto a los indígenas, especialmente los del sur, si por un lado amansaban a los caballos de un modo casi nada violento, era común que consumieran como un manjar la carne de yeguarizo.