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¿Cómo habrían sonado los grandes temas de Mónica Naranjo si hubieran nacido en 1974, el año en que ella misma vio la luz? La respuesta es Sesión 74: canciones bañadas en el fulgor de una bola de espejos, con arreglos orquestales de cuerdas suntuosas, secciones de viento metálico y los violines inconfundibles que marcaron la edad de oro del género. Un homenaje al glamour sin complejos, a las pistas de baile con suelo iluminado y a la música que nunca envejece. Cuerdas en cascada, líneas de bajo hipnóticas, trompetas y trombones que dibujan melodías imposibles de olvidar, y la voz de Mónica Naranjo navegando entre todo ello como si siempre hubiera pertenecido a ese universo. Sesión 74 no es nostalgia: es una declaración de intenciones.