
Junto al italiano, el otro gran estilo "nacional" de la música barroca es el francés. La influencia de este último también fue muy importante; incluso en Italia, del mismo modo que lo italiano también encontró acomodo en Francia (si bien, con notables resistencias). A diferencia de la música italiana, que tenía varios puntos neurálgicos (Roma, Venecia, Nápoles...) en la música francesa mandaba, ante todo, París. Y más concretamente, la corte de Versalles. Esto se debe a que Francia se desarrolló en esta época como un estado fuertemente absolutista y, por lo tanto, muy centralizado en muchos aspectos. En relación con ello, Francia destacó por su exacerbación de la pompa en música, y apostó por ritmos marciales con puntillos muy característicos. Ejemplo de ello es la famosísima marcha del Burgués Gentilhombre de Lully, el autor más importante de todo el Barroco temprano francés (curiosamente nacido en Italia, cuya música odiaba). O su obertura para Armida. O el celebérrimo comienzo del Te Deum de Charpentier (hoy emblema de Eurovisión). Lully encabezó la alternativa francesa a la ópera italiana, alternativa que consistía en mucho más que en cantar en francés: se apostó por elaborar tramas argumentales más solidas, por cuidar al detalle las acentuaciones de los versos, por darle mucho más peso al coro, a la orquesta, a los ballets... o, sobre todo, por no dejarse tentar por los exhibicionismos melismáticos de los castrati italianos. Y es que, a pesar de lo de la pompa, la música francesa también destacó por su vertiente más intimista, delicada e introspectiva. Escuchemos al respecto una pieza de Marin Marais para viola da gamba (que, aunque en español la conozcamos más por su nombre en italiano, se trata del instrumento francés por excelencia). O un tombeau de su maestro Sainte Colombe, extraído también de "Todas las mañanas del mundo", una película que, por cierto, adoran los aficionados a la música antigua. Por su temática triste y melancólica, el género fúnebre del tombeau tuvo un amplio desarrollo en Francia. Escuchemos un par de ejemplos más: -Uno de Gaultier, por ser el autor del primer tombeau conservado, y como ejemplo de laúd barroco (otro instrumento muy francés). -Otro de Froberger, nacido alemán pero galo de adopción, por la enorme influencia que tuvo y como adelanto de la segunda parte de esta lista de reproducción (que comenzaremos con la espléndida escuela clavecinística francesa). Una pequeña anécdota sobre este tombeau: Froberger lo compuso como recuerdo de un amigo suyo, el laudista Blanchrocher, que murió en sus brazos tras caer por una escalera. Hay quien dice, quizás con cierto sarcasmo, que la escala descendente del final es una referencia a esa caída.