
Diré "en Italia" y no "italiano" puesto que la exuberante y pasional música barroca italiana surgió en "la Bota" pero se propagó en realidad por toda Europa. Ya desde el Renacimiento, la importancia de este país para la música europea había sido importantísima. Pero es que, en el Barroco, la música italiana alcanzó una preponderancia de niveles estratosféricos, a través sobre todo de la ópera, la sonata y el concierto para solista. Preponderancia que rebasó, como decíamos, las fronteras de la Península Itálica: las cortes y los teatros de todo el continente "fichaban" a compositores, cantantes e instrumentistas italianos con la misma pasión que hoy los clubes suspiran por futbolistas brasileños o argentinos; las partituras italianas se publicaban por doquier, y músicos de toda Europa acudían a Roma, Venecia, Nápoles o Milán para estar al tanto de las últimas novedades (igual que, hoy día, todo diseñador de prestigio acaba viajando a Londres o a Nueva York) Claudio Monteverdi fue sin duda el compositor de más trascendencia de todo el seicento. Aunque no es el autor de la primera ópera, como suele atribuírsele, sí estuvo entre los primeros que lo hicieron y sí escribió la que marcó un antes y un después: El Orfeo (1607). Escuchemos un par de fragmentos de esta ópera: la celebérrima tocata inicial y el momento en el que Orfeo descubre que Eurídice ha muerto... Y también, otra de sus piezas más conocidas: el lamento de la ninfa. Ese bajo descendente que Monteverdi repite una y otra vez sería, desde entonces hasta hoy, uno de los símbolos para la tristeza más recurrentes de la historia de la música. De hecho, muchas canciones pop aún siguen usando fórmulas tomadas del lamento barroco que Monteverdi y sus contemporáneos crearon en Italia. Escuchad si no el maravilloso "cover" de Ane Brun y decidme en qué se diferencia de cualquier otra buena canción moderna... Otra figura clave, a un paso ya del Barroco tardío, es la del violinista Arcangelo Corelli. Consagrado a la música instrumental, contribuyó a moldear la forma sonata y también inventó poco menos que el concerto grosso (en el que la orquesta se divide en dos bloques). Escuchemos uno de sus concerti grossi junto con su pieza quizás más famosa: las variaciones sobre el tema de "la folía". En Venecia, ya durante el Barroco tardío, se desarrolló el concierto para solista y orquesta. Aparte de a Vivaldi, al que dedicaremos una lista aparte, destaquemos en esta labor a Tomaso Albinoni... ... Es este un compositor injustamente recordado únicamente por una obra muy emotiva pero que no es suya ni es siquiera barroca (aunque mucha gente aún sigue pensando que sí). Se trata de una pieza compuesta por el musicólogo Remo Giazotto a mediados del siglo XX en un estilo decididamente posromántico. Sin embargo, para tener más tirón comercial, Giazotto hizo circular la leyenda de que había descubierto los fragmentos de una partitura de Albinoni y que él solo la había reconstruido un poco. Engaños aparte, y saliéndonos un poco del tema, lo cierto es que la obra merece ser conocida y ahí os dejo un vídeo. Ahora bien, escuchemos también un Adagio real de Albinoni para que veamos que, sin acudir a falsedades, también podemos decir que escribió "adagios" hermosísimos (además de servirnos como ejemplo de concierto para oboe solista). Por último, dos autores imprescindibles más a las puertas ya del clasicismo: Pergolesi y su punzante Stabat Mater, y Tartini y su alucinante (y alucinógena) sonata "del trino del diablo".