
"Nunca pensé que la imortalidad de mi pesar fuera tan placentera a la hora de componerle a mi tierra. El sudor campesino se encarna en las intenciones de la melodía quien con ingénitas atracciones hacia el fatídico vivir es perenne y se lamenta para mi. Los álamos y las acequias se regocijan y aceptan inconsiderablemente el sabor de mi niñez que con lujuria y decadencia sostiene el pensar amargo de un ser insignificante preponderable a la infelicidad infelicidad resignada, preciosa que a la vez acariciándome me poetisa de dolor. Postrado nada más que postrado del cansancio de las sábanas manchadas de la impregnable y desesperante soledad me embarga la nefasta e inocente niñez. Ya no son recuerdos, solamente vagas y oscuras protuberancias del lagrimar de mi vida todas reflejadas y jamás olvidadas en los sonidos del dolor. Te extraño cuando fallezco en tu lejanía te repudio cuando agonizo en tu vientre es que en ti solo hay un cálido martirio. Recuerdos de niñez no dejan caer el llanto, lo hacen suyo y puedo ver el color en ti Mírame ves lo que soy? siento desolación abrígame con las mantas de tus años no quiero ser mas la escarcha que refleja el dolor del campesino ante la difunta esperanza que tiene en ti. No dejaré de ser tu retoño gris tampoco dejaré de beber tu veneno negro a solas en invierno mas sin eso la vida se hace muerte. ¡Agradezco ser de tu siembra! majestuoso huerto sin color son tuyas mis manos en desvelo intento tallar en ti armonías de dolor mas mi voz no brota si no es para sollozar en tu suelo" (Aciago) "En los trigales quedó el paso de mis aguas la tierra no aguantó su sed. Sentí las caricias del viento hablar de los árboles caídos por la ironía cabalgué en montura de sueños cuando es el pensar el que vale. Fuiste correr del tiempo cubierto por las apariencias de lo justo Porque he de caer en ti cuerpo mío si tus sueños aún creen en mi? Logré poner de luto la carne las palabras que ayer tuve entonces ataúdes llenos de mis ojos porfiaban un destino. Entre las hojas danzando y el sol fugado el otoño me regó de inviernos la escarcha me infectó el alma Huyeron las palabras a los oídos del silencio entre las manos de la brisa sobre el rostro de la nada por los vacios intensos. Desde la sangre, raíz y hoja entre vertientes secretos del trumao manzaneles secos de olvido o quizás ramos de malezas. Buscar vida como alejando el cuerpo de ella y ser alma en primavera creciente lluvia escrita en lágrimas sin rostro, sin nada solo lluvia, solo soledad. Agonía, presagio de muerte restos de sol a campo preso vendimia la pena a Chile y en el vino una espera añeja pastizal cegado. Poemas en la melodía talvez los arados despierten... Estrofa esperanza, luz de mis aguas mi cauce queda en tus sueños" (Caudal)